
Así que llegue a mi casa y me puse a organizar todo para el viaje. Me acosté y desperté al día siguiente solo pensado en la travesía que estaba a punto de iniciar.
Ese día pasó de lo más bien sin pensar en él. Estaba con mis amigos deleitándonos de la belleza de Constanza, su flora y fauna.
El viaje, que inicio a las nueve de la mañana, culminó a las seis de la tarde en Valle Nuevo de Constanza a 2,800 metros de altura sobre el nivel del mar.
Allí la temperatura descendía con cada minuto y el frío penetraba la piel hasta llegar a los huesos.
Mientras mis demás compañeros preparaban la cena, yo estaba mirando el cielo y disfrutando de las estrellas en el firmamento, de la paz que trasmite los árboles, y del frío húmedo que congelaba mi respiración.
Justamente en ese momento llegó a mi cabeza el nombre de José Miguel.
Comencé a imaginarme que él estaba junto a mí, abrazándome y contemplando el cielo.
Pero desperté de aquella ilusión y corrí a cenar.
Toda la noche la pasé pensando en él. Mientras hablaba con mis amigos, solo pensaba en él; mientras dormía, lo hacia pensando en él; todo lo hacia, pensado en él.
Está demás decir que me hizo mucha falta, obvio los dos días que estuve haciendo ecoturismo lo pasé pensando en él.
Llegó la hora de recoger todo y emprender el camino de vuela a la ciudad. Mientras bajamos de aquellas montañas, mi mente estaba organizado todas las vivencia del viaje para contárselas a José tan pronto llegará a mi casa, pero llegue tan cansada que solté los bulto y me dormí hasta el día siguiente.
Me desperté cansada, pero tenía que trabajar. Así que me alisté y partí a mi trabajo.
Estando haya, descargue las fotos del viaje e hice una selección de sesenta fotos para enviársela a José Miguel, y que él viera de lo que se había perdido.
Lo llamé y le dije:
-Viejo, de lo que te perdiste.
Comencé a comentarle todos los detalles de viaje y el se lamentó de no haber ido. Me confesó que solo se pasó todo el fin de semana pensando en mí.
Mi corazón salto cuando escucho esas palabras. Estaba tan feliz de saber que él había pensado en mí como yo en él.
Este era el día 18 de haberlo conocido. Y tuvo la osadía de invitarme a salir después del trabajo, para continuar contándole del los pormenores del viaje.
Llegó la hora cero, y me pasó a buscar por mi trabajo. Así que me subí a su nuevo juguetito y nos dirigimos al Malecón. Cinco días más tarde, en ese mismo lugar, me llevaría una gran desilusión.
Nos sentamos y comenzó nuestra conversación. Yo estaba tímida, el también. Él me hablaba con educación y yo lo escuchaba con respeto. Él me observaba, yo lo miraba.
El ambiente era muy interesante, porque a pesar de que yo tenía solo varios días conociéndolo, me sentía que lo conocía de toda la vida.
Me paré y comencé a caminar frente a él, de un lado para el otro. Él me escuchaba con atención todas las palabras que decía.
El mar, que estaba frente de nosotros, me robo la atención por vario segundo. Cuando vine a mira a José, él tenía su mano extendida a mi para alarme y sentarme a su lado.
Nunca respondo a tal acción, pero esta vez mi mano derecha se dirigió a la suya, y me senté a su lado.
Pasaron varios minutos para que hubiera una palabra. Ambos disfrutábamos de la compañía mutua. Nos miramos fijamente, y él me confesó que le gustaba, y mucho.
Este fue el inicio de otro tema. Él me pregunto qué pensaba de una relación sentimental; a lo que yo le respondí mi teoría de la relación. Le dije que para tener una relación con alguien, debo conocerla y compartir situaciones en las cuales salga a relucir los defectos de la misma.
Hasta el momento todo iba bien, pues él tiene la misma forma de pensar, o eso quiso darme entender.
Hablamos de conocer a una persona para llegar a tener una relación hasta el tema prohibido para los hombres, el casamiento.
Yo ni tonta ni perezosa dije lo que creo del matrimonio. Que es una etapa de la vida de los seres humano, pero que ese tiempo esta lejos de mí.
Un largo silencio invadió el ambiente y de pronto nuestras miras chocaron.
-Quiero decirte algo, pero no se como- me dijo.
-Pero dime, que una de las funciones de la boca es articular palabras. Tarde o temprano lo dirás con ella- le dije.
Y en ese momento se me acerco y me dio el beso más tierno que mis labios han podido sentir.
Mi boca respondía a cada movimiento delicado que sus labios hacían para besar los míos.
Con una delicadeza tan sutil, se despegó de mí y en susurro me dijo:
-Esta es otra función de la boca.
Ahí estaba yo, sin respiración, atónita sin comprender lo que había sucedido. ¡Linda!, como diría una amiga, claro que sabía lo que sucedía, lo único era que me costaba creerlo.
Me miro y me pasó suavemente su mano por mi cara, y me contempló.
Me obsesioné con aquel beso. No pensé que aquel gesto me robaría tantas horas de trabajo.
Así comenzó mi semana. Con aquel beso que recordaba cada vez que cerraba los ojos.
La semana transcurrió con confesiones y deseo de vernos.
El sábado nos comunicamos y me pidió que nos viéramos. Yo acepte porque también tenía ganas de besar aquellos labios tan suaves. Así que me preparé y salí a su encuentro.
Estando en el mismo lugar de nuestra primera salida quise besarlo. La ocasión se prestaba para que fuera inolvidable. Aunque esta vez no salimos de su vehiculo, porque estaba lloviendo, la pasamos muy bien mirando la lluvia caer y escuchando el sonido del mar chocando con las grandes piedras que bordean toda la costa.
Ambos disfrutamos el momento. Yo esta feliz de estar a su lado y el estaba ansioso por decirme algo.
Yo esperaba otra declaración. Pensé que mis encantos lo había vuelo loco, que me diría que quería conocerme más, que estaba seguro de que yo había aparecido en el momento indicado y que quería estar conmigo parte de su vida. Realmente no pensé en matrimonio, sino, en un noviazgo en un futuro no muy lejano.
Nosotras las mujeres somos tan sentimentales, que dejamos la realidad a un lado cuando de amor se trata.
-No soy soltero- me dijo.
Esta historia continuará.
5 comentarios:
Loca, te pasaste!
quisiera que él leyera tu blog a ver que opina...
lo ha leido ya?
Shira
queeeeeeeeeeeeee! ese hijo de su madre! ese mmg! que estupido! y tu que hiciste? no me dejes asi, continua.
chillin
Mierdaaaaaaaaaaa,pero hijo de la ching..., ya me lo imaginaba, manita no te sorprenda es que hace tiempo que debiste saber que "HOMBRE NO E´GENTE".
Y la tercera parte?
Aunque siempre visito, sólo ahora me atrevo a escribir. Y (aunque en desventaja numérica) mis hormonas me obligan a defender mi genero masculino aclarando que el tal José Miguel está lejos de ser hombre (claro,entiendo el contexto en que Ingris lo dice). Ana T teclea rápido que hasta yo ando medio novelístico con el asunto.
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