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jueves, 24 de mayo de 2007

Memorias de una loca


¿Qué mujer, como dos dedos de frente, no se interesaría de un hombre que le lleve seis años, estudiante de termino de una ingeniería, amante a su trabajo, con ganas se superarse, amable, sencillo, simpático y sobre todo elegante?
Los gustos entre mujeres suele ser siempre muy relativos.
Pero por lo menos a mí, me gusta el tipo de hombre que se supere, que tenga iniciativa y su vida tenga un norte.

Hoy hace 19 días que conocí a José Miguel. Llegue a tu trabajo por mera coincidencia. Mi amigo Raúl me pasó a buscar por mi segundo trabajo y me llevo al suyo. Allí él tenía algo pendiente que hacer.
Subí al segundo piso y me presentó con sus compañeros de trabajo. Hay estaba él sentado frete a su PC, con sus ojos puesto en el monitor y hablando en un lenguaje indescifrable para mi.

- El es José Miguel –dijo mi amigo.
- Encantada, Ana Teresa –dije mirándolo sus ojos verdes, y sosteniendo su mano con firmeza.

Aunque me llamó la atención sus ojo de gato y su educación al hablar, pensé que todo quedaría hay, y que solo sería un tipo más, de eso conoces una vez en la vida, que te cae súper bien y que elogia sus virtudes.
Pues no.

La noche pasó con pequeñas motivaciones para que él se decidiera a emprender un viaje que estábamos organizando mi amigo y yo. Esa noche no fue suficiente para terminarlo de convencer. Así que Raúl le pidió una tarjeta personal para mí, con la condición de que yo lo llamara durante la semana y concluir la misión que no era más que convencerlo para que nos acompañara.

Al día siguiente de conocerlo, tomé el teléfono y llamé a su trabajo.

-¡Hola! ¿Cómo estas? Es Ana Teresa, la amiga de Raúl –dije para que me reconociera.
-¡Hola! Ana Teresa. Estoy bien, ¿y tu? –me dijo.

Así inicio nuestra primera conversación por teléfono. Yo por un lado motivándolo para que fuera al viaje, y él escuchando mis suplicas.

Pasaron los días y ya era una rutina llamarlo y hablarle del mismo tema, todos los días. Abecés lo hacia dos veces por día.
- ¿Qué te pasa Ana Teresa? ¿Por qué llamas tanto a este tipo? ¿Por qué te interesa tanto que vaya al viaje? –me hablo mi conciencia.

¡Aja!… me encontré. Estas fueron las preguntas que me pusieron a reflexionar el porque llamaba todos los días a José.

José Miguel me caía más que bien, súper bien. Y estaba triste porque sabía que sino iba al viaje, nunca volvería hablar con él, pues por la única razón que lo llamaba era para que fuera con nosotros.
Pero no.

Todos lo días las conversaciones, aunque frías, eran más interesantes. Un día me dijo:
- Dime eso en persona, en los oídos –me dijo.
El solo recordar eso, me da un escalofrío por todo el cuerpo.
-¿Qué? –le respondí.
Efectivamente todo estaba marchando para otra dirección.

-Por favor, llámame o envíame un mensaje antes de que salga de la ciudad – dijo el día antes de viaje.


Esta historia continuará.